TALLER DE LECTURA
UNDÉCIMO GRADO: HUMANIDADES E INFORMÁTICA
LENGUA Y LITERATURA
PROFESOR CARLOS FIGUEROA
Indicaciones: A continuación se le presenta la lectura del cuento "LA NOCHE BOCA ARRIBA" del escritor argentino JULIO CORTÁZAR, léalo atentamente y escriba un análisis corto, en diez renglones o líneas, sobre el significado, la temática y los personajes de esta historia, no olvide dejar su nombre al final, pues el mismo será comentado en la siguiente conferencia a través de "ZOOM".
PROFESOR CARLOS FIGUEROA
Indicaciones: A continuación se le presenta la lectura del cuento "LA NOCHE BOCA ARRIBA" del escritor argentino JULIO CORTÁZAR, léalo atentamente y escriba un análisis corto, en diez renglones o líneas, sobre el significado, la temática y los personajes de esta historia, no olvide dejar su nombre al final, pues el mismo será comentado en la siguiente conferencia a través de "ZOOM".
Biografía corta de Julio Cortázar
(Bruselas, 1914 - París, 1984) Escritor argentino, una de la grandes figuras del llamado «boom» de la literatura hispanoamericana, fenómeno editorial que, en la década de 1960, dio merecida proyección internacional a los narradores del continente.
La noche boca arriba
[Cuento - Texto completo.]
Julio Cortázar
Y salían en ciertas épocas a cazar enemigos;
le llamaban la guerra florida.
A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla. En la joyería de la esquina vio que eran las nueve menos diez; llegaría con tiempo sobrado adonde iba. El sol se filtraba entre los altos edificios del centro, y él -porque para sí mismo, para ir pensando, no tenía nombre- montó en la máquina saboreando el paseo. La moto ronroneaba entre sus piernas, y un viento fresco le chicoteaba los pantalones.
Dejó pasar los ministerios (el rosa, el blanco) y la serie de comercios con brillantes vitrinas de la calle Central. Ahora entraba en la parte más agradable del trayecto, el verdadero paseo: una calle larga, bordeada de árboles, con poco tráfico y amplias villas que dejaban venir los jardines hasta las aceras, apenas demarcadas por setos bajos. Quizá algo distraído, pero corriendo por la derecha como correspondía, se dejó llevar por la tersura, por la leve crispación de ese día apenas empezado. Tal vez su involuntario relajamiento le impidió prevenir el accidente. Cuando vio que la mujer parada en la esquina se lanzaba a la calzada a pesar de las luces verdes, ya era tarde para las soluciones fáciles. Frenó con el pie y con la mano, desviándose a la izquierda; oyó el grito de la mujer, y junto con el choque perdió la visión. Fue como dormirse de golpe.
Volvió bruscamente del desmayo. Cuatro o cinco hombres jóvenes lo estaban sacando de debajo de la moto. Sentía gusto a sal y sangre, le dolía una rodilla y cuando lo alzaron gritó, porque no podía soportar la presión en el brazo derecho. Voces que no parecían pertenecer a las caras suspendidas sobre él, lo alentaban con bromas y seguridades. Su único alivio fue oír la confirmación de que había estado en su derecho al cruzar la esquina. Preguntó por la mujer, tratando de dominar la náusea que le ganaba la garganta. Mientras lo llevaban boca arriba hasta una farmacia próxima, supo que la causante del accidente no tenía más que rasguños en la piernas. “Usté la agarró apenas, pero el golpe le hizo saltar la máquina de costado…”; Opiniones, recuerdos, despacio, éntrenlo de espaldas, así va bien, y alguien con guardapolvo dándole de beber un trago que lo alivió en la penumbra de una pequeña farmacia de barrio.
La ambulancia policial llegó a los cinco minutos, y lo subieron a una camilla blanda donde pudo tenderse a gusto. Con toda lucidez, pero sabiendo que estaba bajo los efectos de un shock terrible, dio sus señas al policía que lo acompañaba. El brazo casi no le dolía; de una cortadura en la ceja goteaba sangre por toda la cara. Una o dos veces se lamió los labios para beberla. Se sentía bien, era un accidente, mala suerte; unas semanas quieto y nada más. El vigilante le dijo que la motocicleta no parecía muy estropeada. “Natural”, dijo él. “Como que me la ligué encima…” Los dos rieron y el vigilante le dio la mano al llegar al hospital y le deseó buena suerte. Ya la náusea volvía poco a poco; mientras lo llevaban en una camilla de ruedas hasta un pabellón del fondo, pasando bajo árboles llenos de pájaros, cerró los ojos y deseó estar dormido o cloroformado. Pero lo tuvieron largo rato en una pieza con olor a hospital, llenando una ficha, quitándole la ropa y vistiéndolo con una camisa grisácea y dura. Le movían cuidadosamente el brazo, sin que le doliera. Las enfermeras bromeaban todo el tiempo, y si no hubiera sido por las contracciones del estómago se habría sentido muy bien, casi contento.
Lo llevaron a la sala de radio, y veinte minutos después, con la placa todavía húmeda puesta sobre el pecho como una lápida negra, pasó a la sala de operaciones. Alguien de blanco, alto y delgado, se le acercó y se puso a mirar la radiografía. Manos de mujer le acomodaban la cabeza, sintió que lo pasaban de una camilla a otra. El hombre de blanco se le acercó otra vez, sonriendo, con algo que le brillaba en la mano derecha. Le palmeó la mejilla e hizo una seña a alguien parado atrás.
Como sueño era curioso porque estaba lleno de olores y él nunca soñaba olores. Primero un olor a pantano, ya que a la izquierda de la calzada empezaban las marismas, los tembladerales de donde no volvía nadie. Pero el olor cesó, y en cambio vino una fragancia compuesta y oscura como la noche en que se movía huyendo de los aztecas. Y todo era tan natural, tenía que huir de los aztecas que andaban a caza de hombre, y su única probabilidad era la de esconderse en lo más denso de la selva, cuidando de no apartarse de la estrecha calzada que solo ellos, los motecas, conocían.
Lo que más lo torturaba era el olor, como si aun en la absoluta aceptación del sueño algo se revelara contra eso que no era habitual, que hasta entonces no había participado del juego. “Huele a guerra”, pensó, tocando instintivamente el puñal de piedra atravesado en su ceñidor de lana tejida. Un sonido inesperado lo hizo agacharse y quedar inmóvil, temblando. Tener miedo no era extraño, en sus sueños abundaba el miedo. Esperó, tapado por las ramas de un arbusto y la noche sin estrellas. Muy lejos, probablemente del otro lado del gran lago, debían estar ardiendo fuegos de vivac; un resplandor rojizo teñía esa parte del cielo. El sonido no se repitió. Había sido como una rama quebrada. Tal vez un animal que escapaba como él del olor a guerra. Se enderezó despacio, venteando. No se oía nada, pero el miedo seguía allí como el olor, ese incienso dulzón de la guerra florida. Había que seguir, llegar al corazón de la selva evitando las ciénagas. A tientas, agachándose a cada instante para tocar el suelo más duro de la calzada, dio algunos pasos. Hubiera querido echar a correr, pero los tembladerales palpitaban a su lado. En el sendero en tinieblas, buscó el rumbo. Entonces sintió una bocanada del olor que más temía, y saltó desesperado hacia adelante.
-Se va a caer de la cama -dijo el enfermo de la cama de al lado-. No brinque tanto, amigazo.
Abrió los ojos y era de tarde, con el sol ya bajo en los ventanales de la larga sala. Mientras trataba de sonreír a su vecino, se despegó casi físicamente de la última visión de la pesadilla. El brazo, enyesado, colgaba de un aparato con pesas y poleas. Sintió sed, como si hubiera estado corriendo kilómetros, pero no querían darle mucha agua, apenas para mojarse los labios y hacer un buche. La fiebre lo iba ganando despacio y hubiera podido dormirse otra vez, pero saboreaba el placer de quedarse despierto, entornados los ojos, escuchando el diálogo de los otros enfermos, respondiendo de cuando en cuando a alguna pregunta. Vio llegar un carrito blanco que pusieron al lado de su cama, una enfermera rubia le frotó con alcohol la cara anterior del muslo, y le clavó una gruesa aguja conectada con un tubo que subía hasta un frasco lleno de líquido opalino. Un médico joven vino con un aparato de metal y cuero que le ajustó al brazo sano para verificar alguna cosa. Caía la noche, y la fiebre lo iba arrastrando blandamente a un estado donde las cosas tenían un relieve como de gemelos de teatro, eran reales y dulces y a la vez ligeramente repugnantes; como estar viendo una película aburrida y pensar que sin embargo en la calle es peor; y quedarse.
Vino una taza de maravilloso caldo de oro oliendo a puerro, a apio, a perejil. Un trozito de pan, más precioso que todo un banquete, se fue desmigajando poco a poco. El brazo no le dolía nada y solamente en la ceja, donde lo habían suturado, chirriaba a veces una punzada caliente y rápida. Cuando los ventanales de enfrente viraron a manchas de un azul oscuro, pensó que no iba a ser difícil dormirse. Un poco incómodo, de espaldas, pero al pasarse la lengua por los labios resecos y calientes sintió el sabor del caldo, y suspiró de felicidad, abandonándose.
Primero fue una confusión, un atraer hacia sí todas las sensaciones por un instante embotadas o confundidas. Comprendía que estaba corriendo en plena oscuridad, aunque arriba el cielo cruzado de copas de árboles era menos negro que el resto. “La calzada”, pensó. “Me salí de la calzada.” Sus pies se hundían en un colchón de hojas y barro, y ya no podía dar un paso sin que las ramas de los arbustos le azotaran el torso y las piernas. Jadeante, sabiéndose acorralado a pesar de la oscuridad y el silencio, se agachó para escuchar. Tal vez la calzada estaba cerca, con la primera luz del día iba a verla otra vez. Nada podía ayudarlo ahora a encontrarla. La mano que sin saberlo él aferraba el mango del puñal, subió como un escorpión de los pantanos hasta su cuello, donde colgaba el amuleto protector. Moviendo apenas los labios musitó la plegaria del maíz que trae las lunas felices, y la súplica a la Muy Alta, a la dispensadora de los bienes motecas. Pero sentía al mismo tiempo que los tobillos se le estaban hundiendo despacio en el barro, y la espera en la oscuridad del chaparral desconocido se le hacía insoportable. La guerra florida había empezado con la luna y llevaba ya tres días y tres noches. Si conseguía refugiarse en lo profundo de la selva, abandonando la calzada más allá de la región de las ciénagas, quizá los guerreros no le siguieran el rastro. Pensó en la cantidad de prisioneros que ya habrían hecho. Pero la cantidad no contaba, sino el tiempo sagrado. La caza continuaría hasta que los sacerdotes dieran la señal del regreso. Todo tenía su número y su fin, y él estaba dentro del tiempo sagrado, del otro lado de los cazadores.
Oyó los gritos y se enderezó de un salto, puñal en mano. Como si el cielo se incendiara en el horizonte, vio antorchas moviéndose entre las ramas, muy cerca. El olor a guerra era insoportable, y cuando el primer enemigo le saltó al cuello casi sintió placer en hundirle la hoja de piedra en pleno pecho. Ya lo rodeaban las luces y los gritos alegres. Alcanzó a cortar el aire una o dos veces, y entonces una soga lo atrapó desde atrás.
-Es la fiebre -dijo el de la cama de al lado-. A mí me pasaba igual cuando me operé del duodeno. Tome agua y va a ver que duerme bien.
Al lado de la noche de donde volvía, la penumbra tibia de la sala le pareció deliciosa. Una lámpara violeta velaba en lo alto de la pared del fondo como un ojo protector. Se oía toser, respirar fuerte, a veces un diálogo en voz baja. Todo era grato y seguro, sin acoso, sin… Pero no quería seguir pensando en la pesadilla. Había tantas cosas en qué entretenerse. Se puso a mirar el yeso del brazo, las poleas que tan cómodamente se lo sostenían en el aire. Le habían puesto una botella de agua mineral en la mesa de noche. Bebió del gollete, golosamente. Distinguía ahora las formas de la sala, las treinta camas, los armarios con vitrinas. Ya no debía tener tanta fiebre, sentía fresca la cara. La ceja le dolía apenas, como un recuerdo. Se vio otra vez saliendo del hotel, sacando la moto. ¿Quién hubiera pensado que la cosa iba a acabar así? Trataba de fijar el momento del accidente, y le dio rabia advertir que había ahí como un hueco, un vacío que no alcanzaba a rellenar. Entre el choque y el momento en que lo habían levantado del suelo, un desmayo o lo que fuera no le dejaba ver nada. Y al mismo tiempo tenía la sensación de que ese hueco, esa nada, había durado una eternidad. No, ni siquiera tiempo, más bien como si en ese hueco él hubiera pasado a través de algo o recorrido distancias inmensas. El choque, el golpe brutal contra el pavimento. De todas maneras al salir del pozo negro había sentido casi un alivio mientras los hombres lo alzaban del suelo. Con el dolor del brazo roto, la sangre de la ceja partida, la contusión en la rodilla; con todo eso, un alivio al volver al día y sentirse sostenido y auxiliado. Y era raro. Le preguntaría alguna vez al médico de la oficina. Ahora volvía a ganarlo el sueño, a tirarlo despacio hacia abajo. La almohada era tan blanda, y en su garganta afiebrada la frescura del agua mineral. Quizá pudiera descansar de veras, sin las malditas pesadillas. La luz violeta de la lámpara en lo alto se iba apagando poco a poco.
Como dormía de espaldas, no lo sorprendió la posición en que volvía a reconocerse, pero en cambio el olor a humedad, a piedra rezumante de filtraciones, le cerró la garganta y lo obligó a comprender. Inútil abrir los ojos y mirar en todas direcciones; lo envolvía una oscuridad absoluta. Quiso enderezarse y sintió las sogas en las muñecas y los tobillos. Estaba estaqueado en el piso, en un suelo de lajas helado y húmedo. El frío le ganaba la espalda desnuda, las piernas. Con el mentón buscó torpemente el contacto con su amuleto, y supo que se lo habían arrancado. Ahora estaba perdido, ninguna plegaria podía salvarlo del final. Lejanamente, como filtrándose entre las piedras del calabozo, oyó los atabales de la fiesta. Lo habían traído al teocalli, estaba en las mazmorras del templo a la espera de su turno.
Oyó gritar, un grito ronco que rebotaba en las paredes. Otro grito, acabando en un quejido. Era él que gritaba en las tinieblas, gritaba porque estaba vivo, todo su cuerpo se defendía con el grito de lo que iba a venir, del final inevitable. Pensó en sus compañeros que llenarían otras mazmorras, y en los que ascendían ya los peldaños del sacrificio. Gritó de nuevo sofocadamente, casi no podía abrir la boca, tenía las mandíbulas agarrotadas y a la vez como si fueran de goma y se abrieran lentamente, con un esfuerzo interminable. El chirriar de los cerrojos lo sacudió como un látigo. Convulso, retorciéndose, luchó por zafarse de las cuerdas que se le hundían en la carne. Su brazo derecho, el más fuerte, tiraba hasta que el dolor se hizo intolerable y hubo que ceder. Vio abrirse la doble puerta, y el olor de las antorchas le llegó antes que la luz. Apenas ceñidos con el taparrabos de la ceremonia, los acólitos de los sacerdotes se le acercaron mirándolo con desprecio. Las luces se reflejaban en los torsos sudados, en el pelo negro lleno de plumas. Cedieron las sogas, y en su lugar lo aferraron manos calientes, duras como el bronce; se sintió alzado, siempre boca arriba, tironeado por los cuatro acólitos que lo llevaban por el pasadizo. Los portadores de antorchas iban adelante, alumbrando vagamente el corredor de paredes mojadas y techo tan bajo que los acólitos debían agachar la cabeza. Ahora lo llevaban, lo llevaban, era el final. Boca arriba, a un metro del techo de roca viva que por momentos se iluminaba con un reflejo de antorcha. Cuando en vez del techo nacieran las estrellas y se alzara ante él la escalinata incendiada de gritos y danzas, sería el fin. El pasadizo no acababa nunca, pero ya iba a acabar, de repente olería el aire libre lleno de estrellas, pero todavía no, andaban llevándolo sin fin en la penumbra roja, tironeándolo brutalmente, y él no quería, pero cómo impedirlo si le habían arrancado el amuleto que era su verdadero corazón, el centro de la vida.
Salió de un brinco a la noche del hospital, al alto cielo raso dulce, a la sombra blanda que lo rodeaba. Pensó que debía haber gritado, pero sus vecinos dormían callados. En la mesa de noche, la botella de agua tenía algo de burbuja, de imagen traslúcida contra la sombra azulada de los ventanales. Jadeó buscando el alivio de los pulmones, el olvido de esas imágenes que seguían pegadas a sus párpados. Cada vez que cerraba los ojos las veía formarse instantáneamente, y se enderezaba aterrado pero gozando a la vez del saber que ahora estaba despierto, que la vigilia lo protegía, que pronto iba a amanecer, con el buen sueño profundo que se tiene a esa hora, sin imágenes, sin nada… Le costaba mantener los ojos abiertos, la modorra era más fuerte que él. Hizo un último esfuerzo, con la mano sana esbozó un gesto hacia la botella de agua; no llegó a tomarla, sus dedos se cerraron en un vacío otra vez negro, y el pasadizo seguía interminable, roca tras roca, con súbitas fulguraciones rojizas, y él boca arriba gimió apagadamente porque el techo iba a acabarse, subía, abriéndose como una boca de sombra, y los acólitos se enderezaban y de la altura una luna menguante le cayó en la cara donde los ojos no querían verla, desesperadamente se cerraban y abrían buscando pasar al otro lado, descubrir de nuevo el cielo raso protector de la sala. Y cada vez que se abrían era la noche y la luna mientras lo subían por la escalinata, ahora con la cabeza colgando hacia abajo, y en lo alto estaban las hogueras, las rojas columnas de rojo perfumado, y de golpe vio la piedra roja, brillante de sangre que chorreaba, y el vaivén de los pies del sacrificado, que arrastraban para tirarlo rodando por las escalinatas del norte. Con una última esperanza apretó los párpados, gimiendo por despertar. Durante un segundo creyó que lo lograría, porque estaba otra vez inmóvil en la cama, a salvo del balanceo cabeza abajo. Pero olía a muerte y cuando abrió los ojos vio la figura ensangrentada del sacrificador que venía hacia él con el cuchillo de piedra en la mano. Alcanzó a cerrar otra vez los párpados, aunque ahora sabía que no iba a despertarse, que estaba despierto, que el sueño maravilloso había sido el otro, absurdo como todos los sueños; un sueño en el que había andado por extrañas avenidas de una ciudad asombrosa, con luces verdes y rojas que ardían sin llama ni humo, con un enorme insecto de metal que zumbaba bajo sus piernas. En la mentira infinita de ese sueño también lo habían alzado del suelo, también alguien se le había acercado con un cuchillo en la mano, a él tendido boca arriba, a él boca arriba con los ojos cerrados entre las hogueras.
FIN


Julio Cortazon eran un escrito Argentino
ResponderEliminarSe trata de una motocicleta. La motocicleta ronroneaba entre sus piernas y un viento fresco le chicoteaba los pantalones. El hacia una viaje en su motocicleta iva a una parte agradable de un troyecto.
Eran un verdadero paseo eran calles largar , los arboles eran bordeada eran poco trafico y amplias villas que dejaba venir un jardin.
Derepente se distrajo por una corriente el se dejo llevar por la tersura , tubo un accidente y una mujer y le gritaba que se detuviera y freno y se latimos la mano y otras cosa.
Eran habitual que hasta entonces habia participado el juego "Huele a Guerra" eran un olor a guerra era insoportable y cuando el primer enemigo le salto el cuello casi sintio placer en hundirle la hoja en su pecho.
ESTHER VELASQUEZ
11 de informatica
Seccio "U:
Julio Cortazon eran un escrito Argentino
ResponderEliminarSe trata de una motocicleta. La motocicleta ronroneaba entre sus piernas y un viento fresco le chicoteaba los pantalones. El hacia una viaje en su motocicleta iva a una parte agradable de un troyecto.
Eran un verdadero paseo eran calles largar , los arboles eran bordeada eran poco trafico y amplias villas que dejaba venir un jardin.
Derepente se distrajo por una corriente el se dejo llevar por la tersura , tubo un accidente y una mujer y le gritaba que se detuviera y freno y se latimos la mano y otras cosa.
Eran habitual que hasta entonces habia participado el juego "Huele a Guerra" eran un olor a guerra era insoportable y cuando el primer enemigo le salto el cuello casi sintio placer en hundirle la hoja en su pecho.
ESTHER VELASQUEZ
11 de informatica
Seccio "U"
“La noche boca arriba” es un cuento escrito por Julio Cortázar, se trata de dos historias en sí . La primera es de un hombre que sufre un accidente por su motocicleta y va al hospital donde tiene un fiebre y requiere cirugía. Parece que la segunda historia es el sueño del hombre en el hospital. Mientras entra y sale de la consciencia, el protagonista de la primera historia está en su sueño un “moteca” que es un indígena de la época de los aztecas que está escondiendo de los aztecas enemigos para evitar ser sacrificado. El moteca está encontrado y lleva para ser sacrificado mientras el hombre está preparado para la cirugía. Cuando el sacrificio parece demasiado real para el hombre, trata de despertar otra vez en el hospital pero parece que no puede hacerlo. Es en este parte del cuento que los lectores se dan cuenta que quizás la realidad no esté la historia primera con el hombre en el moto, sino la realidad es la del moteca.
ResponderEliminarPuede ser difícil para nosotros los lectores entender exactamente lo que pasó en el cuento y que significa la ambigüedad de la realidad para este escritor. Pero esto es el punto, la meta, de Cortázar él intenta de instar a través del paralelismo entre las historias que los lectores luchen contra sus expectaciones y expandir sus entendimientos de realidad.
Linsey Aguilar 11 Humanidades.
Es un cuento de fantasía, comienza con un accidente.
ResponderEliminarUn hombre comienza con fiebres altas por lo cual detectan que debe entrar a una cirugía.
Mientras está sedado tiene unos sueños que cambiarían su forma de ver muchas cosas.
Se describen 2 historias simultáneamente
a primera describe como un hombre sale de un hotel conduciendo su moto, mientras conduce observa edificios y casas. De repente, una mujer se cruza en su camino, tienen un accidente y el se destroza un brazo, pierde el sentido y al salir del desmayo, se encuentra ingresando en un hospital. Lo han vendado y está en una cama con fiebre en un estado de sopor, como consecuencia del accidente y de los medicamentos; entonces, se adormece y tiene un sueño. Sueña curiosamente que es un indio mexicano de la época azteca, que esta perdido entre la ciénagas y se siente perseguido por una tribu enemiga que lo quieren sacrificar. Se despierta repetidas veces al principio aliviado pero luego confundido, las ultimas veces tratando de evitar esa pesadilla hasta que descubre que el sueño en verdad era la realidad.
La segunda historia se intercala con la primera por que es el supuesto sueño. Describe un episodio de la guerra florida en donde un indio azteca es perseguido por una tribu enemiga, los motecas, aunque el huye y lucha por su vida, al final es capturado, atacado y arrastrado hacia la gran pirámide. Allí un sacerdote lo espera con un puñal, para sacrificarlo ya que este era un rito de esta tribu.
Angie Moreno 11 Humanidades
Esta hitoria es muy interesante, empieza con un joven que salio del hotel en su motosicleta, hiba disfrutando el viaje cuando ocurre un accidente, la mujer con la que choco no tubo muchas heridas pero el joven salio muy lastimado , lo atienden unos jovenes que estaban ahi mientras viene la ambulancia en eso el tiene una pesadilla en la cual el era un cortazar que escapaba de la tribu de los aztecas que buscaban personas para sus sacrificios en eso desperto y vio a el doctor y las enfermeras atendiendolo cuando se volvio a quedar dormido y el miraba y sentia olores lo cual le parecio extraño ya que en los sueños no se puede oler y sientio el olor de guerra y se escondio entre uno arbustos cuando desperto de nuevo en el hospitar y estaba en una camilla ya con sus heridas curadas y se sentia bien pero no queria volver a recordar esa pesadilla cuando regreso a la pesadilla y vio que los aztecas lo habian rodeado y el salio y lucho con uno de ellos y lo mato con un cuchillo que tenia; Pero volvio a despertar en el hospital sediento, ya no queria soñar con la pesadilla trataba de distraerse con otras cosas pero se quedo de nuevo dormido y desperto en su pesadilla donde estaba capturado por los aztecas esperando la hora para ser sacrificado y cuando intentaba escapar llegaron los aztecas y del susto reacciono de nuevo en el hospital y y vio que tenia agua en la mesa y tomo agua pero se volvio a quedar dormido cuando vio que los aztecas lo llevaban arrastrado bruscamente por el pasillo que sentia que nunca se hiba a teminar el de nuevo desperto e intenro agarrar el agua pero antes que la tocara volvio al pasillo donde lo arrastraban y cuando salieron lo llevaron donde sacrifican a las personas y cuando miraba al que hacia los sacrificos acercandose a el intento despertar, al princio penso que se hiba a despertar porque se sintio en la cama del hospital quieto pero despues se dio cuenta que no hiba a despertar, ya estaba despierto el era el que estaba soñando con el joven en el hospital.
ResponderEliminarKeysi Sierra 11vo informatica
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar"La noche boca arriba" -de Julio Cortázar, uno de los cuentos de fantasías que narra sobre las diversas realidades alternas en las que la mente puede estar situada cuando se encuentra en cierto estado , describe la situación de una persona que está hospitalizada y mientras se encuentra en esas condiciones , su mente se apropia de incluso dos realidades diferentes a la suya , utilizando detalladas descripciciones sobre la esencia de sus sueños que van desde una ciudad sumida en la época contemporánea con motos , luces de colores y calles enormes , hasta que también da la vuelta hacía a la mesoamérica precolombina, con la presencia de aztecas e incluso motecas que lo persiguen cargando con sus tradicionales y honoríficos sacrifios , con las hieráticas respuestas de su cuerpo y mente que actúan cómo un traslúcidamente ante la verdad , desembocan el poder de la mente y la influencia del ambiente en la helada sala de un hospital.
ResponderEliminarDavid Licona, Humanidades
Me llamo mucha la atención de la historia la parte del motociclista que tuvo un accidente y el es trasladado a un hospital donde es atendido y allí, entre los sedantes y dolores comienza a tener unos sueños que él es indio moteca que huye de los cazadores aztecas.
ResponderEliminarDespierta y vuelve a soñar lo mismo con frecuencia, hasta que el moteca está a punto de ser sacrificado por los dioses y se da cuenta que ya no va a despertar por qué él ya estaba despierto.
Jefry Alberto 11 Humanidades
"La noche boca arriba" de Julio Cortázar
ResponderEliminarEl cuento comienza con el protagonista subiéndose a su moto y manejando por una ciudad. Se encuentra distraído y no logra evitar chocar a una mujer que cruza mal la calle. Se desmaya. Cuando se despierta lo estaban sacando de abajo de la moto. Siente náuseas y dolor corporal. Lo llevan boca arriba hasta una farmacia. Está aturdido. Lo suben a una ambulancia policial y lo llevan a un hospital. Allí lo operaron. Cuando piensa en el momento del accidente lo relaciona con un hueco pero que había durado una eternidad. Piensa que ese hueco lo llevó a través de algo, como si hubiera habido un pasaje.
Sueña que está en una jungla, se siente parte del pueblo moteca y está siendo perseguido por los aztecas. Puede oler un pantano y eso lo sorprende porque no solía soñar con olores. Tiene miedo. A continuación escucha a un enfermo de la cama de al lado decir que se iba a caer de la cama. Ambas historias se cruzan: su persecución en la jungla con su internación en el hospital.
Tiene mucha fiebre y se siente confundido. De nuevo vuelve a la jungla en donde corre y se aferra a un amuleto protector y a un puñal. Ve antorchas y llegan los enemigos. Mata a uno pero lo atan a él. De nuevo escucha a su compañero de hospital explicar sus delirios por la fiebre. Piensa que es una pesadilla.
Vuelve a dormirse. Se siente atado a unas sogas. Escucha un grito y entiende que es el suyo. Siente que lo mueven siempre boca arriba. Siente se aproxima el final. Vuelve a la noche del hospital y se siente protegido por la vigilia. Espera la muerte y ve a un sacrificador que va hacia él con un cuchillo. Cuando están por matarlo concluye que el sueño era el otro, el del hospital, que ese sacrificador era real y que iba a morir. Cierra los ojos entre las hogueras y en la camilla.
JOSSELYN MICHELLE FERRERA
11vo de informatica ❤
La noche boca arriba de julio Cortázar inicia narrando al personaje que eran las nueve y empieza a recorrer las calles centrales de la ciudad disfrutando de la vista y entrando a la parte mas agradable del trayecto una bordada de árboles con poco trafico pero iba distraído y no logro evitar chocar con un mujer que cruzo mal la calle.
ResponderEliminarSe cruzan dos historias: El protagonista tiene un fatal accidente que lo llevo al borde de la muerte y luego como un sueño curioso soñaba que era perseguido por los aztecas en la selva que pertenecían a los motecas ya que los aztecas hacían sacrificios.
El personaje reflexiona sobre el momentos del accidente y describe esa ocasión como si fuera otro espacio.
Hay algo muy importante en este relato primero escuchaba voces y gritos. Después sintió olores y le pareció muy extraño por que en los sueños no se puede.
Antony Yafef Pavon : 11 de informática
Que la noche boca aeriba es un cuento muy bonito
ResponderEliminarTrata sobre un joven q salio muy contento de su hotel observando el hermoso paisaje al sentir el viento qle agitaba el pantalon se dejo ir solo con el impulso en una calla plana y de pronto vio una joven muchacha y quizo frenar pero ya era muy tarde y choco con fuerza sobre el padimento y se desmayo y cuando desperto vio varia gente q lo estaba levantando x el golpe
Con dolor en su brazo y en su rodilla quebrada y con una pequeña herida en la ceja se lo llevaron al hospital en el hospital el no podia dormir xq cada vez q se dormia tenia la pesadilla de q los aztecas lo perseguian para sacrificarlos y al final se dio cuenta q solo era una pesadilla
Josué Alvarez
11vo de Informatica
LA NOCHE BOCA ARRIBA
ResponderEliminarEs un cuento muy imprevisible , muy increíble la historia , ya que nos cuentan que un hombre tuvo un accidente en su motocicleta por una mujer , lo llevaron al hospital y estando en el hospital se quedó dormido , y entonces tiene una pesadilla donde es perseguido por los aztecas y de pronto despierta en el hospital , se vuelve a dormir y vuelve a soñar con los aztecas y al final los aztecas lo encuentran y lo ponen en una plancha de piedra y el hombre se da cuenta lo que estaba soñando era realidad
Genesis Jimenez 11 de humanidades
La Noche Boca Arriba
ResponderEliminarEsta Historia trata de un joven que tenía una motocicleta con la cual recorre un largo viaje muy contento mientras pasaba por la esquina miro en la joyería que era las nueve menos diez pues llegaría con tiempo donde iba pues la historia no termina ahí pues comienza lo emocionante era una calle larga con muchos árboles y poco tráfico quizás algo distraído pero manejando por el lado que le correspondía, pero tal vez por su involuntario relajamiento no pudo prevenir el accidente, cuando una mujer parada en una esquina se lanzava sin importar que las luces estuvieran en verde mientra frenaba con el pie oyó el grito de la mujer y junto con el choque donde perdió el conocimiento.
Cuando reaccionó con dos personas lo estaban soportando pues lo estaban sacando de debajo de la moto estaba mal herido pues cuando decían levantarlo no resistía por el agrumante dolor que sentía en todo su cuerpo pues el único alivio que tenía era por la confirmación de que había estado en todo su derecho al cruzar la esquina, preguntando por la mujer tratando de controlar las náuseas pues a la mujer sólo apenas la había agarrado llego la ambulancia asocorrarlo pues el estaba en un shock terrible deciaba estar dormido o cloroformado pero lo tuvieron en una pieza con olor a hospital lo movían cuidadosamente para que el brazo no le doliera, las enfermeras trataban de bromiar con el.
Hubiera estado casi contento sino hubiera sido por las contracciones de su estómago, pues la historia es cursiva porque entre el dolor y su delirio tenía contrastes con la realidad pues empezaba a tener pesadillas cada vez que se dormía.Empieza a sonar con un olor a pantano y una tembladera donde no volvía nadie luego vino una fragancia compuesta y oscura como la noche en que se movía huyendo de los aztecas pues según el tenía que huir de los aztecas que andaban en busca de un hombre y su única salida era esconderse en lo más profundo de la selva, lo que más lo calaña era el olor pues el sueño algo se revelaba contra eso que no era habitual que hasta entonces no había participado del juego huele a guerra pensó derrepente un sonido inesperado lo hizo agacharse y quedar inmóvil temblando. En sus sueños abundaba el miedo espero; pues probablemente del otro lado del gran lago, debían estar ardiendo fuegos de vivac, un resplandor rojizo temía esa parte del cielo.
Pues alcanzó a cerrar otra sus ojos aunque yq sabía que no iba a despertar, que ya estaba despierto, que el sueño maravilloso había sido el otro, algo absurdo como todos los sueños; un sueño en el que había andado por extraños rumbos de la ciudad asombrado, con luces verdes y rojas que ardían sin llama ni humo, con un enorme insecto de metal que zumbaba bajo sus piernas. Era una mentira infinita de ese sueño.
Josseth Esau López Carranza
11Informática "U".
La noche boca arriba
ResponderEliminarBueno estas historia comienza con un accidente de motocicleta que deja herido a un hombre, este es trasladado a un hospital porque necesitaba atención medica,este hombre cada vez que se dormía soñaba con los aztecas, que era perseguido por ellos y su única escapatoria fue meterse a la selva, el sacerdote era el que podía parar esa caza. El hombre pensó que todo era un sueño pero pero era realidad, se dio cuenta de esto cuando apretaba sus parpados para despertar de este pero no sucedía nada.
Andrea Corrales 11vo de humanidades
La noche buenas es una historia muy espectacular por que tiene un inicio muy bueno y empieza con un accidente de un motociclista.
ResponderEliminarQue lo llevan al hospital con abalorios Dolores y delirando un poco
El motociclista se duerme y sueñe que el es un indio moteca que está huyendo de los cazadores aztecas y el se despierta y luego se vuelve a dormir y vuelve a soñar lo mismo y cuando vuelve al sueño lo iba a sacrificar a los dioses aztecas y el no se podía volver a despertar pero en realidad solo era una pesadilla
En fin me gusto la historia por que es corta y que tiene una trama muy buena la verdad por la razón de que es una historia de aventura.
Att: Walter Duron