TALLER DE LECTURA
DÉCIMO GRADO SECCIÓN "A" Y "B"
LENGUA Y LITERATURA
PROFESOR CARLOS FIGUEROA
Indicaciones: A continuación se le presenta la lectura de "Axolotl" del escritor argentino Julio Cortázar, léalo atentamente y escriba la siguiente información, en el lugar de los comentarios, que se le solicita, en un espacio no menor a 20 líneas o reglones, no olvide ver el vídeo corto sobre la biografía del autor y dejarme su nombre al final de su opinión para poder evaluarlo:
1. ¿Cuál es la importancia que le da el narrador a los ojos del axolotl?
2. ¿Por qué crees que el narrador se encontraba tan fascinado con los axolotl?
3. ¿Qué significan los axolotl para el hombre?
4. ¿Qué efecto tenían los axolotl sobre el hombre?
5. ¿Por qué le obsesionaba al hombre el axolotl?
Axolotl
[Cuento - Texto completo.]
Julio Cortázar
Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl.
El azar me llevó hasta ellos una mañana de primavera en que París abría su cola de pavo real después de la lenta invernada. Bajé por el bulevar de Port Royal, tomé St. Marcel y L’Hôpital, vi los verdes entre tanto gris y me acordé de los leones. Era amigo de los leones y las panteras, pero nunca había entrado en el húmedo y oscuro edificio de los acuarios. Dejé mi bicicleta contra las rejas y fui a ver los tulipanes. Los leones estaban feos y tristes y mi pantera dormía. Opté por los acuarios, soslayé peces vulgares hasta dar inesperadamente con los axolotl. Me quedé una hora mirándolos, y salí incapaz de otra cosa.
En la biblioteca Saint-Geneviève consulté un diccionario y supe que los axolotl son formas larvales, provistas de branquias, de una especie de batracios del género amblistoma. Que eran mexicanos lo sabía ya por ellos mismos, por sus pequeños rostros rosados aztecas y el cartel en lo alto del acuario. Leí que se han encontrado ejemplares en África capaces de vivir en tierra durante los períodos de sequía, y que continúan su vida en el agua al llegar la estación de las lluvias. Encontré su nombre español, ajolote, la mención de que son comestibles y que su aceite se usaba (se diría que no se usa más) como el de hígado de bacalao.
No quise consultar obras especializadas, pero volví al día siguiente al Jardin des Plantes. Empecé a ir todas las mañanas, a veces de mañana y de tarde. El guardián de los acuarios sonreía perplejo al recibir el billete. Me apoyaba en la barra de hierro que bordea los acuarios y me ponía a mirarlos. No hay nada de extraño en esto porque desde un primer momento comprendí que estábamos vinculados, que algo infinitamente perdido y distante seguía sin embargo uniéndonos. Me había bastado detenerme aquella primera mañana ante el cristal donde unas burbujas corrían en el agua. Los axolotl se amontonaban en el mezquino y angosto (sólo yo puedo saber cuán angosto y mezquino) piso de piedra y musgo del acuario. Había nueve ejemplares y la mayoría apoyaba la cabeza contra el cristal, mirando con sus ojos de oro a los que se acercaban. Turbado, casi avergonzado, sentí como una impudicia asomarme a esas figuras silenciosas e inmóviles aglomeradas en el fondo del acuario. Aislé mentalmente una situada a la derecha y algo separada de las otras para estudiarla mejor.
Vi un cuerpecito rosado y como translúcido (pensé en las estatuillas chinas de cristal lechoso), semejante a un pequeño lagarto de quince centímetros, terminado en una cola de pez de una delicadeza extraordinaria, la parte más sensible de nuestro cuerpo. Por el lomo le corría una aleta transparente que se fusionaba con la cola, pero lo que me obsesionó fueron las patas, de una finura sutilísima, acabadas en menudos dedos, en uñas minuciosamente humanas. Y entonces descubrí sus ojos, su cara, dos orificios como cabezas de alfiler, enteramente de un oro transparente carentes de toda vida pero mirando, dejándose penetrar por mi mirada que parecía pasar a través del punto áureo y perderse en un diáfano misterio interior. Un delgadísimo halo negro rodeaba el ojo y los inscribía en la carne rosa, en la piedra rosa de la cabeza vagamente triangular pero con lados curvos e irregulares, que le daban una total semejanza con una estatuilla corroída por el tiempo. La boca estaba disimulada por el plano triangular de la cara, sólo de perfil se adivinaba su tamaño considerable; de frente una fina hendedura rasgaba apenas la piedra sin vida. A ambos lados de la cabeza, donde hubieran debido estar las orejas, le crecían tres ramitas rojas como de coral, una excrescencia vegetal, las branquias supongo. Y era lo único vivo en él, cada diez o quince segundos las ramitas se enderezaban rígidamente y volvían a bajarse. A veces una pata se movía apenas, yo veía los diminutos dedos posándose con suavidad en el musgo. Es que no nos gusta movernos mucho, y el acuario es tan mezquino; apenas avanzamos un poco nos damos con la cola o la cabeza de otro de nosotros; surgen dificultades, peleas, fatiga. El tiempo se siente menos si nos estamos quietos.
Fue su quietud la que me hizo inclinarme fascinado la primera vez que vi a los axolotl. Oscuramente me pareció comprender su voluntad secreta, abolir el espacio y el tiempo con una inmovilidad indiferente. Después supe mejor, la contracción de las branquias, el tanteo de las finas patas en las piedras, la repentina natación (algunos de ellos nadan con la simple ondulación del cuerpo) me probó que eran capaz de evadirse de ese sopor mineral en el que pasaban horas enteras. Sus ojos sobre todo me obsesionaban. Al lado de ellos en los restantes acuarios, diversos peces me mostraban la simple estupidez de sus hermosos ojos semejantes a los nuestros. Los ojos de los axolotl me decían de la presencia de una vida diferente, de otra manera de mirar. Pegando mi cara al vidrio (a veces el guardián tosía inquieto) buscaba ver mejor los diminutos puntos áureos, esa entrada al mundo infinitamente lento y remoto de las criaturas rosadas. Era inútil golpear con el dedo en el cristal, delante de sus caras no se advertía la menor reacción. Los ojos de oro seguían ardiendo con su dulce, terrible luz; seguían mirándome desde una profundidad insondable que me daba vértigo.
Y sin embargo estaban cerca. Lo supe antes de esto, antes de ser un axolotl. Lo supe el día en que me acerqué a ellos por primera vez. Los rasgos antropomórficos de un mono revelan, al revés de lo que cree la mayoría, la distancia que va de ellos a nosotros. La absoluta falta de semejanza de los axolotl con el ser humano me probó que mi reconocimiento era válido, que no me apoyaba en analogías fáciles. Sólo las manecitas… Pero una lagartija tiene también manos así, y en nada se nos parece. Yo creo que era la cabeza de los axolotl, esa forma triangular rosada con los ojitos de oro. Eso miraba y sabía. Eso reclamaba. No eran animales.
Parecía fácil, casi obvio, caer en la mitología. Empecé viendo en los axolotl una metamorfosis que no conseguía anular una misteriosa humanidad. Los imaginé conscientes, esclavos de su cuerpo, infinitamente condenados a un silencio abisal, a una reflexión desesperada. Su mirada ciega, el diminuto disco de oro inexpresivo y sin embargo terriblemente lúcido, me penetraba como un mensaje: «Sálvanos, sálvanos». Me sorprendía musitando palabras de consuelo, transmitiendo pueriles esperanzas. Ellos seguían mirándome inmóviles; de pronto las ramillas rosadas de las branquias se enderezaban. En ese instante yo sentía como un dolor sordo; tal vez me veían, captaban mi esfuerzo por penetrar en lo impenetrable de sus vidas. No eran seres humanos, pero en ningún animal había encontrado una relación tan profunda conmigo. Los axolotl eran como testigos de algo, y a veces como horribles jueces. Me sentía innoble frente a ellos, había una pureza tan espantosa en esos ojos transparentes. Eran larvas, pero larva quiere decir máscara y también fantasma. Detrás de esas caras aztecas inexpresivas y sin embargo de una crueldad implacable, ¿qué imagen esperaba su hora?
Les temía. Creo que de no haber sentido la proximidad de otros visitantes y del guardián, no me hubiese atrevido a quedarme solo con ellos. «Usted se los come con los ojos», me decía riendo el guardián, que debía suponerme un poco desequilibrado. No se daba cuenta de que eran ellos los que me devoraban lentamente por los ojos en un canibalismo de oro. Lejos del acuario no hacía mas que pensar en ellos, era como si me influyeran a distancia. Llegué a ir todos los días, y de noche los imaginaba inmóviles en la oscuridad, adelantando lentamente una mano que de pronto encontraba la de otro. Acaso sus ojos veían en plena noche, y el día continuaba para ellos indefinidamente. Los ojos de los axolotl no tienen párpados.
Ahora sé que no hubo nada de extraño, que eso tenía que ocurrir. Cada mañana al inclinarme sobre el acuario el reconocimiento era mayor. Sufrían, cada fibra de mi cuerpo alcanzaba ese sufrimiento amordazado, esa tortura rígida en el fondo del agua. Espiaban algo, un remoto señorío aniquilado, un tiempo de libertad en que el mundo había sido de los axolotl. No era posible que una expresión tan terrible que alcanzaba a vencer la inexpresividad forzada de sus rostros de piedra, no portara un mensaje de dolor, la prueba de esa condena eterna, de ese infierno líquido que padecían. Inútilmente quería probarme que mi propia sensibilidad proyectaba en los axolotl una conciencia inexistente. Ellos y yo sabíamos. Por eso no hubo nada de extraño en lo que ocurrió. Mi cara estaba pegada al vidrio del acuario, mis ojos trataban una vez mas de penetrar el misterio de esos ojos de oro sin iris y sin pupila. Veía de muy cerca la cara de una axolotl inmóvil junto al vidrio. Sin transición, sin sorpresa, vi mi cara contra el vidrio, en vez del axolotl vi mi cara contra el vidrio, la vi fuera del acuario, la vi del otro lado del vidrio. Entonces mi cara se apartó y yo comprendí.
Sólo una cosa era extraña: seguir pensando como antes, saber. Darme cuenta de eso fue en el primer momento como el horror del enterrado vivo que despierta a su destino. Afuera mi cara volvía a acercarse al vidrio, veía mi boca de labios apretados por el esfuerzo de comprender a los axolotl. Yo era un axolotl y sabía ahora instantáneamente que ninguna comprensión era posible. Él estaba fuera del acuario, su pensamiento era un pensamiento fuera del acuario. Conociéndolo, siendo él mismo, yo era un axolotl y estaba en mi mundo. El horror venía -lo supe en el mismo momento- de creerme prisionero en un cuerpo de axolotl, transmigrado a él con mi pensamiento de hombre, enterrado vivo en un axolotl, condenado a moverme lúcidamente entre criaturas insensibles. Pero aquello cesó cuando una pata vino a rozarme la cara, cuando moviéndome apenas a un lado vi a un axolotl junto a mí que me miraba, y supe que también él sabía, sin comunicación posible pero tan claramente. O yo estaba también en él, o todos nosotros pensábamos como un hombre, incapaces de expresión, limitados al resplandor dorado de nuestros ojos que miraban la cara del hombre pegada al acuario.
Él volvió muchas veces, pero viene menos ahora. Pasa semanas sin asomarse. Ayer lo vi, me miró largo rato y se fue bruscamente. Me pareció que no se interesaba tanto por nosotros, que obedecía a una costumbre. Como lo único que hago es pensar, pude pensar mucho en él. Se me ocurre que al principio continuamos comunicados, que él se sentía más que nunca unido al misterio que lo obsesionaba. Pero los puentes están cortados entre él y yo porque lo que era su obsesión es ahora un axolotl, ajeno a su vida de hombre. Creo que al principio yo era capaz de volver en cierto modo a él -ah, sólo en cierto modo-, y mantener alerta su deseo de conocernos mejor. Ahora soy definitivamente un axolotl, y si pienso como un hombre es sólo porque todo axolotl piensa como un hombre dentro de su imagen de piedra rosa. Me parece que de todo esto alcancé a comunicarle algo en los primeros días, cuando yo era todavía él. Y en esta soledad final, a la que él ya no vuelve, me consuela pensar que acaso va a escribir sobre nosotros, creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los axolotl.
VÍDEO BIOGRÁFICO SOBRE EL AUTOR DEL CUENTO
[Cuento - Texto completo.]
Julio Cortázar
Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl.
El azar me llevó hasta ellos una mañana de primavera en que París abría su cola de pavo real después de la lenta invernada. Bajé por el bulevar de Port Royal, tomé St. Marcel y L’Hôpital, vi los verdes entre tanto gris y me acordé de los leones. Era amigo de los leones y las panteras, pero nunca había entrado en el húmedo y oscuro edificio de los acuarios. Dejé mi bicicleta contra las rejas y fui a ver los tulipanes. Los leones estaban feos y tristes y mi pantera dormía. Opté por los acuarios, soslayé peces vulgares hasta dar inesperadamente con los axolotl. Me quedé una hora mirándolos, y salí incapaz de otra cosa.
En la biblioteca Saint-Geneviève consulté un diccionario y supe que los axolotl son formas larvales, provistas de branquias, de una especie de batracios del género amblistoma. Que eran mexicanos lo sabía ya por ellos mismos, por sus pequeños rostros rosados aztecas y el cartel en lo alto del acuario. Leí que se han encontrado ejemplares en África capaces de vivir en tierra durante los períodos de sequía, y que continúan su vida en el agua al llegar la estación de las lluvias. Encontré su nombre español, ajolote, la mención de que son comestibles y que su aceite se usaba (se diría que no se usa más) como el de hígado de bacalao.
No quise consultar obras especializadas, pero volví al día siguiente al Jardin des Plantes. Empecé a ir todas las mañanas, a veces de mañana y de tarde. El guardián de los acuarios sonreía perplejo al recibir el billete. Me apoyaba en la barra de hierro que bordea los acuarios y me ponía a mirarlos. No hay nada de extraño en esto porque desde un primer momento comprendí que estábamos vinculados, que algo infinitamente perdido y distante seguía sin embargo uniéndonos. Me había bastado detenerme aquella primera mañana ante el cristal donde unas burbujas corrían en el agua. Los axolotl se amontonaban en el mezquino y angosto (sólo yo puedo saber cuán angosto y mezquino) piso de piedra y musgo del acuario. Había nueve ejemplares y la mayoría apoyaba la cabeza contra el cristal, mirando con sus ojos de oro a los que se acercaban. Turbado, casi avergonzado, sentí como una impudicia asomarme a esas figuras silenciosas e inmóviles aglomeradas en el fondo del acuario. Aislé mentalmente una situada a la derecha y algo separada de las otras para estudiarla mejor.
Vi un cuerpecito rosado y como translúcido (pensé en las estatuillas chinas de cristal lechoso), semejante a un pequeño lagarto de quince centímetros, terminado en una cola de pez de una delicadeza extraordinaria, la parte más sensible de nuestro cuerpo. Por el lomo le corría una aleta transparente que se fusionaba con la cola, pero lo que me obsesionó fueron las patas, de una finura sutilísima, acabadas en menudos dedos, en uñas minuciosamente humanas. Y entonces descubrí sus ojos, su cara, dos orificios como cabezas de alfiler, enteramente de un oro transparente carentes de toda vida pero mirando, dejándose penetrar por mi mirada que parecía pasar a través del punto áureo y perderse en un diáfano misterio interior. Un delgadísimo halo negro rodeaba el ojo y los inscribía en la carne rosa, en la piedra rosa de la cabeza vagamente triangular pero con lados curvos e irregulares, que le daban una total semejanza con una estatuilla corroída por el tiempo. La boca estaba disimulada por el plano triangular de la cara, sólo de perfil se adivinaba su tamaño considerable; de frente una fina hendedura rasgaba apenas la piedra sin vida. A ambos lados de la cabeza, donde hubieran debido estar las orejas, le crecían tres ramitas rojas como de coral, una excrescencia vegetal, las branquias supongo. Y era lo único vivo en él, cada diez o quince segundos las ramitas se enderezaban rígidamente y volvían a bajarse. A veces una pata se movía apenas, yo veía los diminutos dedos posándose con suavidad en el musgo. Es que no nos gusta movernos mucho, y el acuario es tan mezquino; apenas avanzamos un poco nos damos con la cola o la cabeza de otro de nosotros; surgen dificultades, peleas, fatiga. El tiempo se siente menos si nos estamos quietos.

Fue su quietud la que me hizo inclinarme fascinado la primera vez que vi a los axolotl. Oscuramente me pareció comprender su voluntad secreta, abolir el espacio y el tiempo con una inmovilidad indiferente. Después supe mejor, la contracción de las branquias, el tanteo de las finas patas en las piedras, la repentina natación (algunos de ellos nadan con la simple ondulación del cuerpo) me probó que eran capaz de evadirse de ese sopor mineral en el que pasaban horas enteras. Sus ojos sobre todo me obsesionaban. Al lado de ellos en los restantes acuarios, diversos peces me mostraban la simple estupidez de sus hermosos ojos semejantes a los nuestros. Los ojos de los axolotl me decían de la presencia de una vida diferente, de otra manera de mirar. Pegando mi cara al vidrio (a veces el guardián tosía inquieto) buscaba ver mejor los diminutos puntos áureos, esa entrada al mundo infinitamente lento y remoto de las criaturas rosadas. Era inútil golpear con el dedo en el cristal, delante de sus caras no se advertía la menor reacción. Los ojos de oro seguían ardiendo con su dulce, terrible luz; seguían mirándome desde una profundidad insondable que me daba vértigo.
Y sin embargo estaban cerca. Lo supe antes de esto, antes de ser un axolotl. Lo supe el día en que me acerqué a ellos por primera vez. Los rasgos antropomórficos de un mono revelan, al revés de lo que cree la mayoría, la distancia que va de ellos a nosotros. La absoluta falta de semejanza de los axolotl con el ser humano me probó que mi reconocimiento era válido, que no me apoyaba en analogías fáciles. Sólo las manecitas… Pero una lagartija tiene también manos así, y en nada se nos parece. Yo creo que era la cabeza de los axolotl, esa forma triangular rosada con los ojitos de oro. Eso miraba y sabía. Eso reclamaba. No eran animales.
Parecía fácil, casi obvio, caer en la mitología. Empecé viendo en los axolotl una metamorfosis que no conseguía anular una misteriosa humanidad. Los imaginé conscientes, esclavos de su cuerpo, infinitamente condenados a un silencio abisal, a una reflexión desesperada. Su mirada ciega, el diminuto disco de oro inexpresivo y sin embargo terriblemente lúcido, me penetraba como un mensaje: «Sálvanos, sálvanos». Me sorprendía musitando palabras de consuelo, transmitiendo pueriles esperanzas. Ellos seguían mirándome inmóviles; de pronto las ramillas rosadas de las branquias se enderezaban. En ese instante yo sentía como un dolor sordo; tal vez me veían, captaban mi esfuerzo por penetrar en lo impenetrable de sus vidas. No eran seres humanos, pero en ningún animal había encontrado una relación tan profunda conmigo. Los axolotl eran como testigos de algo, y a veces como horribles jueces. Me sentía innoble frente a ellos, había una pureza tan espantosa en esos ojos transparentes. Eran larvas, pero larva quiere decir máscara y también fantasma. Detrás de esas caras aztecas inexpresivas y sin embargo de una crueldad implacable, ¿qué imagen esperaba su hora?
Les temía. Creo que de no haber sentido la proximidad de otros visitantes y del guardián, no me hubiese atrevido a quedarme solo con ellos. «Usted se los come con los ojos», me decía riendo el guardián, que debía suponerme un poco desequilibrado. No se daba cuenta de que eran ellos los que me devoraban lentamente por los ojos en un canibalismo de oro. Lejos del acuario no hacía mas que pensar en ellos, era como si me influyeran a distancia. Llegué a ir todos los días, y de noche los imaginaba inmóviles en la oscuridad, adelantando lentamente una mano que de pronto encontraba la de otro. Acaso sus ojos veían en plena noche, y el día continuaba para ellos indefinidamente. Los ojos de los axolotl no tienen párpados.
Ahora sé que no hubo nada de extraño, que eso tenía que ocurrir. Cada mañana al inclinarme sobre el acuario el reconocimiento era mayor. Sufrían, cada fibra de mi cuerpo alcanzaba ese sufrimiento amordazado, esa tortura rígida en el fondo del agua. Espiaban algo, un remoto señorío aniquilado, un tiempo de libertad en que el mundo había sido de los axolotl. No era posible que una expresión tan terrible que alcanzaba a vencer la inexpresividad forzada de sus rostros de piedra, no portara un mensaje de dolor, la prueba de esa condena eterna, de ese infierno líquido que padecían. Inútilmente quería probarme que mi propia sensibilidad proyectaba en los axolotl una conciencia inexistente. Ellos y yo sabíamos. Por eso no hubo nada de extraño en lo que ocurrió. Mi cara estaba pegada al vidrio del acuario, mis ojos trataban una vez mas de penetrar el misterio de esos ojos de oro sin iris y sin pupila. Veía de muy cerca la cara de una axolotl inmóvil junto al vidrio. Sin transición, sin sorpresa, vi mi cara contra el vidrio, en vez del axolotl vi mi cara contra el vidrio, la vi fuera del acuario, la vi del otro lado del vidrio. Entonces mi cara se apartó y yo comprendí.
Sólo una cosa era extraña: seguir pensando como antes, saber. Darme cuenta de eso fue en el primer momento como el horror del enterrado vivo que despierta a su destino. Afuera mi cara volvía a acercarse al vidrio, veía mi boca de labios apretados por el esfuerzo de comprender a los axolotl. Yo era un axolotl y sabía ahora instantáneamente que ninguna comprensión era posible. Él estaba fuera del acuario, su pensamiento era un pensamiento fuera del acuario. Conociéndolo, siendo él mismo, yo era un axolotl y estaba en mi mundo. El horror venía -lo supe en el mismo momento- de creerme prisionero en un cuerpo de axolotl, transmigrado a él con mi pensamiento de hombre, enterrado vivo en un axolotl, condenado a moverme lúcidamente entre criaturas insensibles. Pero aquello cesó cuando una pata vino a rozarme la cara, cuando moviéndome apenas a un lado vi a un axolotl junto a mí que me miraba, y supe que también él sabía, sin comunicación posible pero tan claramente. O yo estaba también en él, o todos nosotros pensábamos como un hombre, incapaces de expresión, limitados al resplandor dorado de nuestros ojos que miraban la cara del hombre pegada al acuario.
Él volvió muchas veces, pero viene menos ahora. Pasa semanas sin asomarse. Ayer lo vi, me miró largo rato y se fue bruscamente. Me pareció que no se interesaba tanto por nosotros, que obedecía a una costumbre. Como lo único que hago es pensar, pude pensar mucho en él. Se me ocurre que al principio continuamos comunicados, que él se sentía más que nunca unido al misterio que lo obsesionaba. Pero los puentes están cortados entre él y yo porque lo que era su obsesión es ahora un axolotl, ajeno a su vida de hombre. Creo que al principio yo era capaz de volver en cierto modo a él -ah, sólo en cierto modo-, y mantener alerta su deseo de conocernos mejor. Ahora soy definitivamente un axolotl, y si pienso como un hombre es sólo porque todo axolotl piensa como un hombre dentro de su imagen de piedra rosa. Me parece que de todo esto alcancé a comunicarle algo en los primeros días, cuando yo era todavía él. Y en esta soledad final, a la que él ya no vuelve, me consuela pensar que acaso va a escribir sobre nosotros, creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los axolotl.
VÍDEO BIOGRÁFICO SOBRE EL AUTOR DEL CUENTO
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Respuestas
ResponderEliminar1. El narrador le da una graaaan importancia a los ojos de el axolotl ya que tak vez se mira y tepresenta atraves de ellos ademas que mira la inquitud el dolor sordo a traves de esos ojos de oro, El narrador le da gran importancia a los ojos por su entrañable forma de hablar y referirse a ellos en la lectura.
2. El narrador tal vez se encontraba fascinado con los axolotl por sus facsinantes caracteristicas y sus pequeños detalles.
3. Para cualquier ser humano (la mayoria) solo son simples animales, pero en esta lectura se les identifica y se les describe por su esplendida y lo facinantes que son para el ser que los aprecie y mire detalladamente.
4. El efecto que tenian estas ctiaturitas sobre aquel hombre eran muy fuertes ya que hicierón que este se obsecionara de gran manera con los axolotl.
5. Este se habia obsecionado por su pequeña forma y los rasgos fascinantes de estos animales asombrosos tambien por sus ojos los cuales le hacian sentir un dolor sordo y muchos sentimientos.
KEREN LANZA DECIMO B
1-¿Cual es la importancia que le da el narrador a los ojos del axolotl ?
ResponderEliminarR/: para el los ojos delos axolotl le mostraban la presencia de una vida diferente
2-¿por que crees que el narrador se encontraba tan facinado con el axolotl?
R/:por que para el la actitud que optaba el axolotl era muy paresida alo que un ser humano tienta a reaccionar muchas veces alas situaciones
3-¿que significa para el hombre ?
R/:para el hombre yo digo que significaba tranquilidad esa tranquilidad que llegan a darnos muchas personas a nosotros y tambien le encantaba tanto el pecesito que sin notarli se obsesiono y lo visitaba todos los dias y le agarro apresio por que se llego a identificar con el
4-¿que efecto tenia los axolotl sobre el hombre?
R/:por que el decia que jugaban un papel muy importante entre todos nosotros sin notarlo
5-¿por que le obsesionaba al hombre el axolotl?
R/:el pensaba que en sierto modo eran como los testigos y jueces de los hombres y ademas de lo lindo que eran los ojos con tono oro para el
ATE:yorleny lagos 10mo "A"
1.¿Cual es la importancia que le da el narrador a los ojos del axololt?
EliminarR//:El autor estaba obsesionado con los ojos del axolotl porque sus ojos brindaban algo diferente. Una diferencia que no encontraba en ningún otro animal.
2¿Porque crees que el narrador se encontraba tan fascinado con los axololt?
R//:Encuentra la asimilación entre el axolotl y su personalidad. A principio, su atracción es duda a la profundidad en la mirada de axolotl que él no puede comprender.
3¿ Qué significan los axolotl para el hombre?
R//:Creo que al final el hombre cree que los axolotl representan otra manera de vivir.
4¿Que efecto tenía el axololt sobre el hombre?
R//:Dice que es como si lo influyeran de distancia, que su reconocimiento con los axolotl era cada vez mayor.
5¿Por que le obsesionaba al hombre el axolotl?
R//:Siente una suerte de conexión con los axolotl, o sea, siente que él está vinculado con ellos.
Soad Oliva 10"A"
1
ResponderEliminarEra importante por que en ellos se refleja una paz y todo de diferente manera.
2:eran tan sencillos pero a la vez hermosos
3:significaba paz,pureza,tranquilidad,y creo que ese tipo de paz es la que todas las personas debemos poseer y dejar de ser algo negativos.
4:estos animales con solo una mirada lograron que el hombre se hiciera adicto a ellos
5:cuando el miró los ojos sintió muchas cosas,fue como algo a primera vista💓
1.¿ Cuál es la importancia que le da el narrador a los ojos de axolotl?
ResponderEliminarR.//Le da importancia ya que manifestaban una ilusión de una vida distinta.
2.¿Por qué crees que el narrador se encontraba fasconado con axolotl?
R.//Ya que su manera de actuar era similar a la de un ser humano ya que reaccionaba simultáneamente a las situaciones.
3.¿Qué significa axolotl para el hombre?
R.//Representa calma y armonía
4.¿Qué efectos tenían axolotl en el hombre?
R.//Se decía que el tenía un papel importante entre todos nosotros aunque ninguno lo notara o le prestase atención alguna.
5.¿ Por qué el hombre estaba tan obsesionado con axolotl?
R.//Estaba obsesionado al pensar y creer que era alguien que los juzgaba y los analizaba.
Por:Bryan Ardón 10mo "A"
1.-Que los ojos de axolotl mostrava vidaen una foma unica.
ResponderEliminar2.-su manera de hacer las cosas era semejante a un ser humano ya que actuava inmediatamente a todas las situaciones.
3.-para mi en el hombre representa calma y tranquilidad.
4.-por que sin que nadie se diera cuenta dl tenia un gran papel.
5.-estaba tan discreto de aus maravillosos ojos los cuaales le aentian dolor sordo y grandes sentimientos
Jonathan Baca Décimo "A"
Respuesta 1:
ResponderEliminarLa inquietud del axolotl su compostura llamaba la atención pero al mirar la profundidad que representaba sus ojos la esencia de sentimiento que miraba atravez de sus ojos le daba una sensación de apreciar su naturaleza.
Respuesta 2:
Por qué es interesante ver un animal comportarse de manera diferente, el ser humano es una complejidad los animales un misterio y este bueno es un combinación.
Respuesta3:
No sabría decir cada animal representa algo en general el axolotl representa serenidad da una sensación de paz.
Respuesta 4:
Sinceramente sus movientos mirar el axolotl y su complejidad al nadar y mantenerse durante horas eso daba al hombre concentrado analizando durante horas cado movimiento.
Respuesta 5:
Por qué se mantenía y trataba de compararse con el axolotl y queria tener esa mis sensación de satisfacción.
Por Andrea Colindres 10mo A
1)Que era la importancia que le daba el narrador a los ojos axolot? R//=mostraban paz de una manera diferente a los demas.
ResponderEliminar2)Porque crees que el narrador era tan fanático con los axolotl? R//=Porque encuentra asimilar su forma de ser con los ojos axolotl.
3)Que significa los axolotl para el hombre? R//=Significa paz.
4)Que Efecto teniam los axolotl hacia el hombre? R//=Dice que tiene un papel importante sin que nosotros lo notarámos.
5)Porque el estaba obsecionada al hombre el axolotl? R//=El siente que el tiene una conexión con los axolotl.
Gerson Valle. - Decimo10"A".
1:Cual es la importancia que le da el narrador a los ojos de axolotl?
ResponderEliminarEllos le mostraban una vida diferente a los demás,a el le gustaban los ojos del axolotl.
2:Por que cree que el narrador se encontraba tan facinado con el axolotl?
Por que su personalidad la hacía parecer a la de un ser humano especialmente en el.
3:Qué significa para el hombre?
Qué le olvidaba todo y llegaba en momentos de paz.
4:Que afecto tenían los axolotl sobre los hombres?
Los animales llamaban mucha la atención del hombre
5:Por que el hombre estaba tan obsesionado con axolotl?
Por que lo hacia feliz
1:Cual es la importancia que le da el narrador a los ojos de axolotl?
EliminarEllos le mostraban una vida diferente a los demás,a el le gustaban los ojos del axolotl.
2:Por que cree que el narrador se encontraba tan facinado con el axolotl?
Por que su personalidad la hacía parecer a la de un ser humano especialmente en el.
3:Qué significa para el hombre?
Qué le olvidaba todo y llegaba en momentos de paz.
4:Que afecto tenían los axolotl sobre los hombres?
Los animales llamaban mucha la atención del hombre
5:Por que el hombre estaba tan obsesionado con axolotl?
Por que lo hacia feliz.
Sheryn Galisay Córdoba Hernández ( 10mo A)
1. Les da una gran importancia desde el primer día q los vio ya q quedó obsesionado con ellos ya q vio algo especial
ResponderEliminar2. Se encontraba fascinado con ellos porque creía q ellos podían ser humanos y no animales
3. Significa armonía para el
4. Tenían el efecto de q el hombre no podía dejar de verlos o pensar en ellos
5. Le obsesionaba ya q pensaban de q los axolot pensaban como humanos y le gustaba ver como levantaban sus espinas cada 15 segundos
Yorleny lanza décimo A
1. Les da una gran importancia desde el primer día q los vio ya q quedó obsesionado con ellos ya q vio algo especial
ResponderEliminar2. Se encontraba fascinado con ellos porque creía q ellos podían ser humanos y no animales
3. Significa armonía para el
4. Tenían el efecto de q el hombre no podía dejar de verlos o pensar en ellos
5. Le obsesionaba ya q pensaban de q los axolot pensaban como humanos y le gustaba ver como levantaban sus espinas cada 15 segundos
Yorleny lanza décimo A
1- ¿Cuál es la importancia que le dá el narrador a los ojos de axolotl?
ResponderEliminarQue el narrador se vé reflejado y al mismo tiempo se encuentra como con su propia imagen.
2- ¿Por qué crees que el narrador se encontraba tan obsesionado con oxolotl?
El narrador a parte de la historia que narra en el cuento tenía un estilo de vida solitario , entonces al saber y narrar lo de oxolotl se le hizo muy interesante.
3- ¿Qué significa oxolotl para el hombre?
Decía que la presencia de sus ojos era una vida diferente o algo así ja , ja , ja.
4- ¿Qué efectos tenía oxolotl en el hombre?
Los ojos de oxolot fueron su alma , él entendia su dolor y sufrimiento cuando vio bajo la superficie.
5- ¿Por qué le obsesionaba al hombre el oxolotl?
Porque para el autor , los ojos representan la diferencia entre el axolotl y el ser humano.
#1¿Cual Es la Importancia Que Le Da El Narrador A Los Ojos De Axolotl?
ResponderEliminarR//=*El Autor Estaba Muy Alegre Y Obsesionado Con Los Ojos Del Axolotl Xq Los Ojos q Tenia Daban O Representaban Algo Diferente Y Real,Que Otros Animales O Especies No Lo Obtenia O Poseian
#2¿Porqué Crees Que El Narrador Se Encontraba Tan Fascinado Con Los Axolotl?
R//=Porqué El Descubre Una Semejanza,Entre El Y Axolotl,Era Lo Que Gustaba O Atraia Su Mirada🔥
#3¿Qué Significa Los Axolotl Para El Hombre?
R//=Podian Significar O Representar Otra Manera De Poder vivir La Vida
#4.¿Qué Efecto Tenia Axolotl Sobre El Hombre?
R//=De Tanto Que El Estaba muy Obsesionado Alos Ojos De Axolotl,Estos Influia Un Reconocimiento A Cada vez Mas Y Mas A Mayor
#5.¿Porqué Le Obsesionaba Al Hombre El Axolotl?
R//=Se siente Muy Afortunado Osea Una Conexion O Similitud Con Los Axolotl,Siente Que El Tiene Algo Que Los asimila
EDWIN REYES
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